El Ajedrez debe continuar

Estamos rozando el primer aniversario del gran cambio en la vida de la humanidad, de ese “bicho” que detendría absolutamente todas nuestras actividades y daría un giro a la manera de relacionarnos con los demás.

Durante los meses de confinamiento el ajedrez tuvo el privilegio sobre otros deportes de poder seguir desarrollándose casi con total normalidad e incluso experimentar un auge en el numero de practicantes gracias a que es posible jugar con cualquier persona del mundo y a cualquier hora a través de internet. Muchos jugadores experimentados agradecían en parte el poder tener horas de sobra al día, para añadirlas al ya infinito tiempo dedicado al aprendizaje de este inagotable y profundo mar de conocimiento que es el ajedrez.

Otra cosa muy diferente eran las competiciones oficiales. El ajedrez se puede jugar en torneos online, sí, pero para muchos esta forma de jugar no es “ajedrez de verdad” por diversas razones, siendo una de ellas la principal: las trampas. Hoy en día, cualquiera de los teléfonos móviles que tenemos en el bolsillo puede ganar al ajedrez a cualquier ser humano, incluido el campeón del mundo. La velocidad de cálculo de estas máquinas unida a los avanzados módulos de análisis, hacen que este tipo de “ayudas” en las partidas online estén a la orden del día.

El mal del tramposo ya lleva de por sí unos años afectando incluso a los torneos presenciales: auriculares bluetooth mientras otro te sopla las jugadas, móviles escondidos bajo una pila de papel higiénico en el baño… hacen que incluso Grandes Maestros hayan caído en la tentación de ayudarse de las máquinas para tratar de ganar partidas o salir de algún apuro posicional. Y si se dan estos casos en torneos “reales”, cuánto más fácil será hacerlo en torneos virtuales, donde se está solo frente al ordenador.

Torneo Copa de Naciones jugado vía online en 2020

Hasta que empezara a verse la luz al final del túnel había que seguir compitiendo online, eso sí, en ningún caso válido para puntuación ELO; tanto es así que la FIDE ha tenido que aprobar este mes de enero un nuevo conjunto de reglas para competiciones oficiales que se jueguen a través de internet y abierto a dos tipos de torneos: híbridos y con supervisión. En los híbridos por ejemplo, los participantes estarían presente físicamente en el mismo edificio de hotel o club pero aislados individualmente en una sala o habitación. La federación admitió que este reglamento no puede evitar las trampas al cien por cien, pero facilita que un árbitro con experiencia pueda tomar una decisión correcta llegado el momento. Entre otras cosas los jugadores no podrían salir de la sala donde estén jugando mientras dure la partida, ni llevar auriculares, ni siquiera fumar… la cámara debe enfocar perfectamente el rostro del jugador y gran parte de la habitación. Según este nuevo reglamento, el árbitro podría pedir en cualquier momento al jugador que le enseñe desde lo que tiene en los bolsillos y cajones, hasta examinar un pendiente a través de la cámara. También tendrían que compartir la pantalla del ordenador con el árbitro para que pueda comprobar que no tiene otras aplicaciones abiertas. Como curiosidad se abre la posibilidad de establecer un sistema de tarjetas rojas y amarillas como en el fútbol para castigar las infracciones. Por último, la FIDE cuenta con un software “anti trampas”, el Game Screening Tool, que puede someter las partidas a un análisis más exhaustivo si se requiriese. Todo esto dentro del ámbito de las partidas rápidas, puesto que mantener este nivel de vigilancia en partidas de cinco u ocho horas es casi impensable.

¿Todo este despliegue podrá eludir a todos los tramposos? La misma FIDE admite que no. Pero la vida sigue y es preferible asumir un mal menor frente a suspender totalmente las competiciones. O quizá no sea así, la polémica está servida. Pero, ¿se deberían seguir celebrando los torneos solamente vía online hasta que superemos la pandemia totalmente?

Foto: Lennart Ootes

Por otra parte hay que pensar que para un jugador de ajedrez, la experiencia de medirse a un rival “cara a cara” jamás será la misma que la de hacerlo por internet. Los nervios, la tensión, el público, el cruce de miradas, el ver que otros le miran esperando lo mejor de él, afecta verdaderamente a su rendimiento. En definitiva, la mejora significativa en el nivel de un practicante reside en prepararse para competir, para la “prueba”; y en la propia experiencia que sólo le puede brindar la competición.

Esto todavía se agrava más si hablamos de niños, cuyo sentido de la competición es muy diferente a la de los adultos. La motivación de un niño por aprender puede decaer profundamente si lo abandonas a la simple rutina de entrenar en un club. Sin competición, al niño le costará buscar esas “metas” que lo motivarán a mejorar, y a superarse a sí mismo. Conocer a otros niños de otros clubes, relacionarse con ellos, hacer amigos a veces para toda la vida; hacen que los torneos sean para los niños un mundo de experiencias donde ellos son los protagonistas.

Por último, cabe mencionar algo que distingue al ajedrez de otros deportes. A un ajedrecista por ejemplo se le educa en el control de los sentimientos de victoria y de derrota, o si se quiere, de la efusividad de los impulsos que surgen de los resultados de una partida. Mientras que en otros deportes se da rienda suelta a las emociones que suponen marcar un gol, llegar el primero a la meta, o perder cuando lo tenías ganado; el ajedrecista es un caballero que no grita ni alza los brazos cuando gana delante del rival. Está muy mal visto expresar los sentimientos de victoria delante del adversario, al fin y al cabo, bastante humillante es el hecho de ser derrotado como para que te lo restrieguen en la cara. El respeto absoluto al rival que se tiene delante es como la madre de todas las reglas del ajedrez. También está muy mal visto hacer un gesto de desaire al perder, o levantarse sin darle la mano al contrincante; todo un ritual y una seña de identidad esto de darse la mano antes y después de las partidas, cosa que en estos tiempos tendrá que esperar. En resumen, todo este aspecto de educación para con el rival se pierde totalmente en un enfrentamiento online, para bien o para mal.

El pasado mes de diciembre se daba luz verde a la celebración de uno de los primeros torneos presenciales oficiales al nivel de élite: El Tata Steel. Sin descuidar eso sí todas las medidas de seguridad, parece que se vuelven a ver rebrotes en la normalidad del juego de competición. Volver poco a poco a la rutina de torneos es más necesario que nunca. Gel, distancia, aforo controlado y todas las medidas que hagan falta, aprender a vivir con estos cambios que estarán presentes por bastante tiempo. La vida debe continuar, y el ajedrez también.

Simulación por ordenador de las adaptaciones COVID-19 para el torneo Tata Steel Chess

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